El plan de Cerdà y el Eixample
A mediados del siglo XIX Barcelona era una ciudad ahogada dentro de sus murallas, con densidades mortales. El ingeniero Ildefons Cerdà proyectó la ampliación —el Eixample— como una ciudad científica: cuadrícula de manzanas con chaflán, calles anchas, patios interiores y equipamientos.
Los chaflanes
Las esquinas a 45 grados que definen el paisaje del Eixample no son decoración: Cerdà los pensó para que los tranvías giraran y los cruces se vieran. Hoy son la firma visual de la ciudad y las mejores plazas son chaflanes ensanchados.
La palabra urbanización
Cerdà acuñó el término urbanización en su teoría general de 1867: el Eixample no es solo un barrio, es el acta de nacimiento de una disciplina. La Unesco no lo ha declarado patrimonio, pero los urbanistas del mundo lo peregrinan.
Lo que no salió como estaba previsto
Los patios de manzana públicos se privatizaron y se edificaron, y la mezcla de clases duró lo que duró el siglo. Aun desnaturalizado, el Eixample sigue siendo la ampliación urbana más influyente de Europa.